Qué pereza ser turista

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El calor derretía la espera, los coches circulaban con prisa de viernes dejando atrás al autobús turístico que se desplazaba como un gusano lento, lleno de rojos individuos que podían atrapar el calor ondulante con sus manos. Entonces ella recordó con placer que le esperaba en casa un apetitoso plato de lentejas y pensó:

¡Qué pereza ser turista!

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Entonces yo era feliz y no lo sabía…

Marca Perú. Campaña Internacional 2012

Marca Perú. Campaña Internacional 2012

Vuelos rápidos para llegar pronto, hoteles confortables para no añorar el hogar, maletas resistentes para equipajes tecnológicos, wifi hasta en el último rincón del planeta, tarjetas repletas de dinero disponible al instante… ¿Y tú? ¿Vas contigo? Tú, el que fuiste, el que eres y el que quieres ser. ¿Resistirías una llamada de tu otro yo?.

Ese de hace veinte años, el que cogía su mochila, la tienda de campaña, la curiosidad, un libro y disfrutaba con cualquier cosa, es decir, con la vida. Esa llamada puede sonar en cualquier momento: cuando abres la caja de las fotografías de tu infancia, de tus viajes sin prisas ni estrés, cuando te sorprende un encuentro casual con un antiguo amigo… Entonces te envuelven buenos recuerdos de las pequeñas cosas y te das cuenta de que en ese momento eras feliz y no lo sabías. ¿Qué has hecho con tu vida? ¿Eres lo que te imaginabas?

Marca Perú. Campaña Internacional 2012

Hay que saber envejecer siendo siempre jóvenes, no  para planchar las arrugas e ir por la vida disfrazados de lo que ya no somos, sino para no perder la curiosidad y las ganas de aprender. Indudablemente este anuncio de la Marca Perú, ha sabido poner el dedo en la llaga, porque todos tenemos un otro yo que nos inquieta cuando salimos a su encuentro.

La campaña, reforzada con un documental, ha sido realizada por Leandro Raposo, creativo de McCann, y Claudia Llosa, la directora de La teta asustada.El resultado ha sido espléndido porque ha sabido tocarnos la fibra sensible con el objetivo de que visitemos Perú, aunque hay que decir que no ha estado exenta de críticas.

Y ahora recuerda que…

Hubo un tiempo en el que éramos viajeros, no turistas, en el que nos guiábamos por la curiosidad no por un libro y no necesitábamos reserva para pasar una gran noche, y tú lo sabes. Si eres feliz apaga este vídeo… Ah, veo que sigues ahí…

El futuro… ¿Nos casamos con ella?. No!, creo que no. Y… ¿me quitaste el pendiente?. En fin, después de todo ya eres mayorcito. Pero recuerda que siempre teníamos tiempo para hacer amigos y para aprender, aprender que hubo un tiempo que el mundo entero decía “no se puede” y la ilusión de un país demostró que el mundo estaba equivocado y sobre todo recuerda que la vida es una sucesión de momentos y que depende de tí cómo los vivas.

Estés donde estés dentro de veinte años o bueno, estemos donde estemos dentro de veinte años recuerda cuando vinimos a Perú.

La gratitud es contagiosa

La gratitud es la memoria del corazón
Lao Tse

El cielo de Barcelona se llena de corazones para dar gracias

El cielo de Barcelona se llena de corazones para dar gracias por los momentos vividos

Más allá de la educación y las buenas formas, la gratitud es una emoción positiva que nos hace concentrar nuestra atención en todo lo bueno de este mundo. En estos días agitados y muchas veces tristes, deberíamos llevar siempre una cajita de pastillas de gratitud y el cuaderno de la memoria en el que ir anotando las cosas agradables que nos suceden. No es conformismo, es ver la vida desde muchos ángulos: el pasado, el presente, nuestra vida como individuos y nuestro sentir como cultura para sentirnos más conectados, menos solos.

La idea es muy simple porque, en el fondo, todos necesitamos lo mismo. El entorno de las redes sociales, con el trabajo colaborativo y con las fórmulas  “Me gusta” y “Gracias por compartirlo”, ha venido a fomentar esa necesidad de expresar la gratitud, a veces en estado puro y otras veces alternando con estados de rabia y rebeldía que, dicho sea de paso, tampoco está mal.

Parece que las cosas adquieren una dimensión real cuando las situamos en un mapa. ¿Y si ubicamos nuestros agradecimientos en un Mapa de gratitudes que se vaya construyendo día a día con buenos gestos desde cualquier punto del mundo?. Es como si dijéramos “atención, en California alguien da las gracias por el cariño de su mascota, en Madrid hay una joven que valora el afecto de sus amigos, en Africa alguien agracede a la tecnología y la innovación la salida de la pobreza… y en el Mediterráneo se alegran de contar con la dieta que tantos beneficios aporta al corazón”. Solo hay que pararse, pensar un poco y sentir mucho.

Mapa de gratitudes

Mapa de gratitudes

Dormida en ese mapa y en muchos otros que se encuentran en las páginas de miles de libros de Historia, Arte, Diccionarios… sufre la vieja Grecia. “Se duele” con esta crisis cruel. ¿Qué tal si cambiamos nuestros discursos y dedicamos unos minutos a agradecer la herencia cultural de este país?. Cada vez que pronunciamos música, gramática, gastronomía, biblioteca, poesía y 75.000 vocablos más estamos manifestando nuestra pertenencia a su cultura. Oportuno homenaje de gratitud el realizado por la Asociación de Profesores de Latín y Griego de la Región de Murcia y el IES Ingeniero de la Cierva, titulado “Gracias Grecia por nuestra herencia”. Me sumo a ello.

¡Efcharisto Grecia!.

Y el agradecimiento les ha sido devuelto porque los profesores han sido invitados a Grecia donde se han reunido con dos ministros y han recibido el encargo de realizar una serie de televisión.

¡Efcharisto España!

Me gusta ver escondidas esas muestras de gratitud en los pequeños gestos de nuestra vida cotidiana. La palabra gracias acompaña las despedidas al viajero con los carteles a la salida de la ciudad: “Gracias por su visita”.  También lo vemos en modestos carteles colgados en la puerta de los comercios tradicionales.

Es buena costumbre la de agradecer a los que nos visitan, sobre todo si de turismo hablamos. Da rabia cuando viajas a algunos lugares y ves como te reciben con hastío. Tuve esa sensación en Praga y en Venecia con un personal cansado de turistas, como esos viejos actores aburridos de representar siempre la misma comedia.

Recuerdo vestido de lunares

Recuerdo vestido de lunares

Por eso me pareció perfecta la campaña Gracias de turismo que Andalucía realizó en agradecimiento a turistas y andaluces en 2002. Una de las campañas más acertadas desde mi punto de vista. Los que nos visitan llevarán para siempre un detalle que se nos antoja rojo entre la niebla del invierno de Londres: el rojo del clavel y del geranio o los lunares juguetones de los zapatos de baile de una niña.

¿Y el turista?. También agradece los momentos vividos en el lugar que visita. Las experiencias y el carácter acogedor de los habitantes son elementos que destacan miles de visitantes que aprovechan las redes sociales para lanzar videos que hacen competencia a las campañas institucionales. Este que os traigo me parece especialmente emotivo. Lo realizó Lucas Jatobá para dar las gracias a la ciudad de Barcelona en la que había sido tan feliz. Lanzó globos de colores con entradas para el teatro y una carta deseando a quien la encontrara que se divirtiera tanto como él durante los tres años que pasó alli. Montones de globos sobrevuelan la ciudad mientras que suena la canción de Jessica Allossery  “Change the world” como un deseo y una invitación.

¿Cambiamos el mundo? ¿Te animas a escribir tu nota de agradecimiento en el mapa?


El maravilloso mundo del viaje en ascensor

El ascensor Aqua Dom en Alemania

Un acuario en el ascensor Aqua Dom en Alemania

Hay palabras y expresiones de uso corriente que te sorprenden el día que te paras a observarlas. Eso es lo que me ha pasado hoy al preguntarme por qué llamamos viaje al recorrido que hacemos a la segunda planta de un edificio. ¿Por qué usamos la misma palabra para hablar de un viaje a Singapur atravesando el mapa que un desplazamiento vertical de 20 metros?. Y he caído de las nubes al leer el artículo Los cien mil viajes de un ascensor y constatar que estas máquinas mueven cada día en vertical a 375 millones de pasajeros en 250 millones de viajes.

El viaje en ascensor es algo así como el tweet de los viajes en el que no faltan estaciones, pasajeros, encuentros, desencuentros, inicios y finales. La brevedad continua que convierte el portal del edificio en estación y nos condena a ser viajeros atrapados en un eterno regreso. Quizás por eso, ese escaso metro cuadrado es también un lugar para la experimentación porque en los minutos que dura el trayecto se encierran los más variados comportamientos humanos: los miedos,  la timidez y el comportamiento gregario que nos empuja a hacer lo que hacen los demás. ¿Os reconocéis en este vídeo?

El ascensor como metáfora del viaje que ofrece oportunidades ante las que tenemos que estar despiertos. ¿Qué pasaría si te encontraras en el ascensor con un posible inversor y quisieras venderle tu proyecto?. Esa es la idea en la que se basa una técnica utilizada en las escuelas de negocios denominada Elevator Pitch que consiste en condensar un mensaje que llame la atención de alguien en pocos minutos con objeto de conseguir una entrevista o reunión con esa persona para más adelante.

Es también un lugar para la lectura como la experiencia “Poemas de ascensor” que realiza la Biblioteca Pública de Huelva. En el lugar de trabajo dan mucho juego y se convierte en un lugar donde conocer gente y por qué no, hacer amistades, como sucede en este episodio de Camera Café. ¿O no?

Y si este corto trayecto se apodera de la palabra viaje, es lógico que aspire a ser gran protagonista y se convierta en un espectáculo en sí mismo, porque hay ascensores convertidos en atractivo turístico. Y si no te lo crees paséate por los 11 ascensores más interesantes del mundo que aparecen en el reportaje de World Geography.

No, no me olvido que para la mayoría de los mortales el ascensor es ese lugar para las conversaciones incómodas. Parece estar documentado que la primera conversación que hubo en un ascensor fue “Todo bien, señores. Todo bien.” y la pronunció en 1853 Elisha Otis en el recinto del Palacio de Cristal de Nueva York. Desde entontes, el ascensor es ese lugar para meteorólogos aficionados que constatan que está lloviendo, que hace más frío que el año pasado y que hacen predicciones que duran el largo camino hasta la sexta planta. Es una pena que los ascensores no tengan un mapa de isobaras como sugiere José Mota.

Claro, que si no queremos evitar estas situaciones debemos convencer a nuestra comunidad para que nos instalen el ascensor que inicia conversaciones. O podemos ejercer el noble oficio del deporte y utilizar las escaleras. Si fuéramos vecinos de los protagonistas de Descalzos por el parque, no tendríamos problema, ni necesitaríamos el  ascensor saludable que ha inventado Coca-Cola. Así que déjate de ascensores y ríe que la vida son dos días y uno lo pasamos en el ascensor.

…Y Google llegó a la poesía

Jimmy Lawlor. Lateral Thinking

Era inevitable… si la poesía menciona todo lo que nos rodea, ¿Cómo olvidar a Google?. Tarde o temprano tenía que suceder. Me pregunto, una vez más, cómo hemos podido llegar a estos tiempos sin el mágico buscador. ¿Cómo nos movíamos antes sin la herramienta que ya es una extensión de nuestros dedos?.

Y hay que decir que Google no desentona, más bien se le ve cómodo, en este poema que podría ser el retrato robot de un tipo de turista muy común en nuestros días: aquel que no necesita de intermediarios, que decide viajar de repente y se busca la vida, el que sabe lo que quiere y lo que quiere es desconectar perdiéndose en un paisaje rural que le es ajeno, pero sin renunciar a conectarse en el momento deseado mediante el “dios” de la tecnología, el que no olvida el ordenador y los libros en el equipaje, el que valora la cultura del detalle, busca el equilibrio entre lo clásico y lo moderno, le gusta poner nombre a la gente que le presta el servicio, se remanga para hacer pan y pone interés en aprender el lenguaje de las vacas…

Aquel que imagino al día siguiente volviendo al ruido, al humo, al estrés y que mide el tiempo entre viaje y viaje.

Todo lo demás sólo es paisaje.

Buscar en Google un hotel rural de cuatro estrellas,
una casa perdida en las montañas,
un caserón antiguo del siglo XIX con la fachada de color azul,
con vistas, con balcones de madera,
con un perro que ladra y una vaca que hace muuuu.

Llamas por teléfono
reservas una habitación individual para tres noches,
270 euros sin incluir el desayuno,
das tu número de tarjeta de crédito, das las gracias,
preparas tu equipaje,
camisetas, calcetines, libros, ordenador portátil, pomada para la dermatitis,
adiós querida y que te vaya bien,
coges un tren, un autobús, un taxi,
llegas al hotel rural y compruebas que efectivamente
tiene cuatro estrellas y una fachada de color azul,
con vistas, con balcones de madera,
con un perro que ladra y una vaca que hace muuuu.

Todo ha sido restaurado, limpiado, pulido, abrillantado,
hay sensores de movimiento en cada tramo de escalera,
hay ascensores, hay hilo musical.

La chica de la recepción se llama Carmen.

Tu habitación es perfecta,
sábanas blancas, toallas blancas, chocolatinas,
todo es suave y huele bien.
El salón es enorme, los techos altos,
hay tapices y muebles antiguos y baldosas y sillones y un espejo,
también hay wifi, claro, imprescindible, sin wifi                                                                                                  prefieres no venir de vacaciones, no existir, no sentarte en los sillones,
no desayunar cruasanes y café y pan con mantequilla.
El armario perteneció a los antiguos propietarios y las lámparas también.

Podrías vivir aquí durante años.

Te haces amigo de las vacas y de las señoras viudas ya mayores
que salen a pasear por las montañas,
comes forraje y manzanas rojas,
muchas verduras, alcachofas, coliflor,
no ves la tele porque estás muy ocupado
haciendo pan, cortando leña, buscando una vara en que apoyarte,
bebes el agua directamente de los ríos,
te acostumbras a andar despacio
y a toser mientras intentas encender otro cigarrillo,
arreglas las goteras del tejado, riegas el jardín,
pintas de negro Titanlux las rejas de la puerta y las ventanas
y por las tardes te conectas a internet para actualizar tu blog y bajar algo de porno
y te sientes feliz y natural
como un perro que ladra y una vaca que hace muuuu.

Manuel del Barrio Donaire. Instrucciones para irte de vacaciones

Una canción para bailar en el crucero


¿Puede escribirse una canción que habla del mar desde el asiento de un tren? ¿Y puede escribirse una canción que respira vacaciones y que invita a bailar embelesados cuando el mundo se debate en una guerra?

Posiblemente sí porque es en tiempos difíciles cuando más necesitamos recrear las cosas bellas de la vida para olvidar lo que nos rodea. Charles Trénet compuso junto a Leo Chauliac la canción “La mer” en 1943 mientras viajaban en un tren. Este cantante,  al que se le reprochó su falta de oposición a los nazis durante la invasión de Francia, actuaba en los cabarets Folies-Bergère y Gaieté Parisienne frente a un público en el que eran habituales oficiales y soldados alemanes. Ya fuera por supervivencia o por indiferencia, accedió incluso a cantar en los campos de prisioneros y así con sus canciones de cabaret en cabaret logró mantener el tipo siempre acallando los rumores sobre su origen judío.

La canción no fue grabada hasta 1946, una vez finalizada la guerra. Desde entonces se han realizado más de 400 versiones en distintos idiomas, desde la dulce Françoise Hardy a la reciente de Robbie Williams titulada Beyond the sea. También ha formado parte de alguna que otra banda sonora de películas como Soñadores de Bernardo Bertolucci. Su tono fresco y amable ha hecho que sea habitual en más de un baile para enamorados en tiempo de vacaciones, evocadora de buenos recuerdos de turistas de cruceros que bailan bajo la luz de la luna. Por ello la compañía Carnival Cruises no ha dudado en utilizarla para sus campañas publicitarias en televisión.

Porque el turista necesita de esas músicas que le empujen a viajar, esas que le van acompañando en la ruta y que evocarán las experiencias vividas durante el viaje. Y para ello parece que nuestro protagonista era perfecto porque en 1955 compuso la famosa “Route Nationale 7”, en homenaje al establecimiento de vacaciones pagadas. Esta ruta también denominada Ruta del Sur es sinónimo de sol, de vacaciones y felicidad para los turistas de los años 50, por ello también se la conoce como Ruta de las vacaciones.

Hoy los turistas que quieran homenajear a este cantante romántico que ha  acompañado sus veladas pueden visitar su casa natal en Narbona, convertida en un pequeño museo.

¿Bailas?

Bromas en una foto turística de París

Tiempo de vacaciones y tiempo de fotografías… Un monumento aquí, un paisaje allá, una pose simpática, un gesto cariñoso para recordar, aquí con la Torre Eiffel al fondo, que se sepa que fuimos a París porque nos queríamos.

Creo que ha debido caer en picado la venta de postales porque ya todo el mundo tiene una cámara entre las pestañas que registra todos y cada uno de nuestros momentos felices. Dicen que esta costumbre de fotografiarlo todo viene de Japón. Los japoneses, siempre escasos de espacio, empezaron a fotografiar todo aquello que querían poseer y no podían almacenar. Fotografiar es una forma de congelar el tiempo para poseerlo; es un clic que  guarda en nuestra memoria aquellos momentos que no queremos olvidar.

¿Quién no tiene en casa un lugar para las cajas de fotos, los álbumes guardados por colores y perfectamente etiquetados por viajes?. ¿Y quien no ha dedicado una tarde melancólica a abrir la memoria en forma de album y ha tratado de buscarse en el tiempo? ¿Y quién no ha roto una foto como si fuera posible borrar el pasado? Ese pasado que creímos feliz y se tornó incómodo…

Contra la melancolía, nada mejor que el humor y el optimismo aunque sea agridulce como las canciones de Anna Roig, cantante catalana de madre francesa, que nos trae de nuevo palabras en francés y sonidos de la chanson francesa que despiertan a Brel y Gainsbourg.

Su repertorio propio está cargado de teatralidad y fina ironía, al igual que este vídeo de la canción “Bigoti vermell” que parece hecho de recortes de postales con caricaturas coloristas. Un bigote rojo para una “venganza simpática”, para reirnos de ese que un día creíamos amar y no fue para tanto, para reirnos del que éramos y ya no somos.

Si eres de los que te vengabas de los libros de Historia pintando bigotes a Felipe V o a la reina Mª Luisa en el cuadro de Goya, no resistas la tentación de transformar esas fotos que hoy te duelen y que ves como ajenas, pero usa el photoshop porque un día cuando ya no te duela querrás volver a buscar a ese que también eres tú.

Bigoti vermell

Te pintaré un bigote con boli rojo

En aquella foto que nos hicimos en París.

Te pintaré un bigote con boli rojo

En esa foto que no puedo sufrir.

Y a mí me pintaré cabellos rizados, bien largos.

Para transformar en divertidos aquellos momentos que no fueron.

Te pintaré un bigote con boli rojo

En aquella foto que nos hicimos en París.

Te pintaré un bigote con boli rojo

En esa foto que no puedo sufrir.

Ya que no te lo puedo pintar de verdad, bien largo.

Para verte un poco divertido, tú que no lo eres ni nunca lo fuiste.

Te pintaré un bigote con boli rojo

En aquella foto que nos hicimos en París.

Te pintaré un bigote con boli rojo

En esa foto que no puedo sufrir.

Y imaginaré que el viaje tampoco fue, tan largo,

Y imaginaré que de tan bonito incluso volvería a hacerlo.

Te pintaré un bigote con boli rojo

En aquella foto que nos hicimos en París.

Te pintaré un bigote con boli rojo

En esa foto que no puedo sufrir.

Y te pintaré una verruga y un moco que te cae, bien largo,

Para transformar en divertido todo eso que no lo fue.

Para transformar en divertido eso que recuerdo largo y triste,

Tan largo, tan triste,

Pero que de hecho … Tanto no lo fue

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