Un viaje por Andalucía para jugar con las palabras

Venta de caracoles en las calles de Sevilla

Venta de caracoles en las calles de Sevilla

Que nadie piense viendo estas fotos que las cabrillas son cabras pequeñas, ni que en Andalucía comerciamos con esclavas. Simplemente disfrutamos de un idioma tan rico que nos permitimos jugar con las palabras. Sería un buen método aprender el idioma en las calles, ver los escaparates, leer los rótulos y carteles de vendedores ambulantes y escuchar furtivamente las conversaciones de la gente. Fotografiar los gestos de los españoles y jugar a adivinar de qué están hablando.

De este modo descubriríamos el viaje que realizan las palabras en el tiempo y en el espacio y aprenderíamos que con la mezcla y la calle las palabras están más vivas.

Venta de pulseras en un comercio sevillano

 Me gusta imaginar cómo entenderán las palabras los recién iniciados en nuestro idioma. Si un inglés ha aprendido que las medias son unas prendas femeninas que cubren las piernas, qué piensan cuando en la barra del bar oyen decir: “¡Dos cafés y dos medias con jamón!”. Los bares y los comercios son “templos del idioma”. Pero esa riqueza también complica el aprendizaje de nuestra lengua.

¡Qué difícil es hablar en español” dicen estos guiris que se han atrevido a viajar por todos los países hispanohablantes para aprender el idioma. ¡Menudo reto!. Escuchad la canción de Inténtalo Carito, un dúo colombiano formado por los hermanos Ospina que cantan canciones inspiradas en la cotidianeidad con un gran toque de humor. ¿Aprender inglés?. Lo difícil es aprender español.

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Héroes que se dejan mimar en la piscina

Voltereta

Voltereta

Seguramente has sentido alguna vez el vértigo ante una piscina a la que irremediablemente tienes que lanzarte y has sufrido la eternidad de los segundos que tardas en sumergirte. Como si fuera la vida misma, una piscina a la que entramos y salimos, a veces protegidos, empujados… y a veces gustosos de tirarnos de cabeza al mundo.

Hay ocasiones en las que quiere la casualidad que se nos presenten dos historias en un mismo día, aparentemente distintas pero que pudieran, de alguna manera, componer un solo relato. ¿O somos nosotros los que les damos unidad?. Queridos lectores pasen y vean esta sesión doble de cortometrajes y compongan una historia propia.

Empecemos por el principio: érase una vez  la infancia, la edad de los miedos, los descubrimientos y la búsqueda de protección familiar. Lolo, el protagonista de Voltereta, es un niño andaluz de 10 años que, allá por 1985 se traslada a vivir a Nueva York con su familia, equipado con el conocimiento que le proporcionan la lectura de comics y las películas americanas que ha visto en el cine de su barrio. No está sólo, observa el mundo americano concentrado en una piscina protegido por una abuela que es el cordón umbilical con la tierra de origen, defensora de los chorizos en el aeropuerto, la merienda española y del respeto a la siesta y la digestión. Oir un manifiesto de españolidad mientras te enfrentas al reto del primer día en América, no es fácil. ¿Cómo dar la talla cuando tú eres el diferente y un novato aprendiz de héroe?. No os perdáis este cortometraje, dirigido por el gaditano Alexis Morante, que está completo en filmín.

Érase una vez  la madurez, la edad de los miedos, el momento de ofrecer protección cuando todavía nos pesa la infancia, parece tan cercana… Qué rápido ha pasado el tiempo, seguimos buscando el empujón para sumergirnos en la piscina, aunque no está lejos el momento de tomar el relevo.

Metáfora de ese viaje es el cortometraje Deep End Dance dirigido por Conor Horgan y escrito por David Bolger, coreógrafo y director artístico del teatro de la danza de CoisCéim de Dublín. David sitúa su coreografía al fondo de la piscina, en una atmósfera que envuelve los cuerpos de David y Madge, su madre de 76 años, que lo empuja y acompaña en su danza onírica debajo del agua, en la misma piscina  en la que trabajó como instructora de natación, y donde enseñó a nadar a David .

La música y el movimiento de los cuerpos sumergidos abrazándose logra cautivarnos, nos transporta al inevitable viaje de la vida, a los mimos, cuidados, al acompañamiento, al relevo… Me pregunto, os pregunto ¿Quién cuida a quién?

La gratitud es contagiosa

La gratitud es la memoria del corazón
Lao Tse

El cielo de Barcelona se llena de corazones para dar gracias

El cielo de Barcelona se llena de corazones para dar gracias por los momentos vividos

Más allá de la educación y las buenas formas, la gratitud es una emoción positiva que nos hace concentrar nuestra atención en todo lo bueno de este mundo. En estos días agitados y muchas veces tristes, deberíamos llevar siempre una cajita de pastillas de gratitud y el cuaderno de la memoria en el que ir anotando las cosas agradables que nos suceden. No es conformismo, es ver la vida desde muchos ángulos: el pasado, el presente, nuestra vida como individuos y nuestro sentir como cultura para sentirnos más conectados, menos solos.

La idea es muy simple porque, en el fondo, todos necesitamos lo mismo. El entorno de las redes sociales, con el trabajo colaborativo y con las fórmulas  “Me gusta” y “Gracias por compartirlo”, ha venido a fomentar esa necesidad de expresar la gratitud, a veces en estado puro y otras veces alternando con estados de rabia y rebeldía que, dicho sea de paso, tampoco está mal.

Parece que las cosas adquieren una dimensión real cuando las situamos en un mapa. ¿Y si ubicamos nuestros agradecimientos en un Mapa de gratitudes que se vaya construyendo día a día con buenos gestos desde cualquier punto del mundo?. Es como si dijéramos “atención, en California alguien da las gracias por el cariño de su mascota, en Madrid hay una joven que valora el afecto de sus amigos, en Africa alguien agracede a la tecnología y la innovación la salida de la pobreza… y en el Mediterráneo se alegran de contar con la dieta que tantos beneficios aporta al corazón”. Solo hay que pararse, pensar un poco y sentir mucho.

Mapa de gratitudes

Mapa de gratitudes

Dormida en ese mapa y en muchos otros que se encuentran en las páginas de miles de libros de Historia, Arte, Diccionarios… sufre la vieja Grecia. “Se duele” con esta crisis cruel. ¿Qué tal si cambiamos nuestros discursos y dedicamos unos minutos a agradecer la herencia cultural de este país?. Cada vez que pronunciamos música, gramática, gastronomía, biblioteca, poesía y 75.000 vocablos más estamos manifestando nuestra pertenencia a su cultura. Oportuno homenaje de gratitud el realizado por la Asociación de Profesores de Latín y Griego de la Región de Murcia y el IES Ingeniero de la Cierva, titulado “Gracias Grecia por nuestra herencia”. Me sumo a ello.

¡Efcharisto Grecia!.

Y el agradecimiento les ha sido devuelto porque los profesores han sido invitados a Grecia donde se han reunido con dos ministros y han recibido el encargo de realizar una serie de televisión.

¡Efcharisto España!

Me gusta ver escondidas esas muestras de gratitud en los pequeños gestos de nuestra vida cotidiana. La palabra gracias acompaña las despedidas al viajero con los carteles a la salida de la ciudad: “Gracias por su visita”.  También lo vemos en modestos carteles colgados en la puerta de los comercios tradicionales.

Es buena costumbre la de agradecer a los que nos visitan, sobre todo si de turismo hablamos. Da rabia cuando viajas a algunos lugares y ves como te reciben con hastío. Tuve esa sensación en Praga y en Venecia con un personal cansado de turistas, como esos viejos actores aburridos de representar siempre la misma comedia.

Recuerdo vestido de lunares

Recuerdo vestido de lunares

Por eso me pareció perfecta la campaña Gracias de turismo que Andalucía realizó en agradecimiento a turistas y andaluces en 2002. Una de las campañas más acertadas desde mi punto de vista. Los que nos visitan llevarán para siempre un detalle que se nos antoja rojo entre la niebla del invierno de Londres: el rojo del clavel y del geranio o los lunares juguetones de los zapatos de baile de una niña.

¿Y el turista?. También agradece los momentos vividos en el lugar que visita. Las experiencias y el carácter acogedor de los habitantes son elementos que destacan miles de visitantes que aprovechan las redes sociales para lanzar videos que hacen competencia a las campañas institucionales. Este que os traigo me parece especialmente emotivo. Lo realizó Lucas Jatobá para dar las gracias a la ciudad de Barcelona en la que había sido tan feliz. Lanzó globos de colores con entradas para el teatro y una carta deseando a quien la encontrara que se divirtiera tanto como él durante los tres años que pasó alli. Montones de globos sobrevuelan la ciudad mientras que suena la canción de Jessica Allossery  “Change the world” como un deseo y una invitación.

¿Cambiamos el mundo? ¿Te animas a escribir tu nota de agradecimiento en el mapa?


La acera como escenario

Música en el puente de Lucerna

¿Cómo imaginar un mundo sin música? Le faltaría al mundo el medio de expresión de los sentimientos. Acaso sería como una película sin banda sonora.  Nuestra infancia se quedaría sin nanas y nuestra memoria no tendría un lugar para las historias que cuentan las canciones infantiles; nuestros juegos serían como ensayos monótonos. ¿Cómo expresar la desolación, el amor, el dolor y la alegría?. ¿Cómo decir tanto sin decir nada? ¿Cómo protestar contra lo que no nos gusta? ¿Cómo unir a miles de personas en torno a un poema si no puede ser musicado? ¿Cómo provocar con el descaro de un estribillo? ¿Cómo despedir a los seres queridos?

¿Y las calles…? Serían como inmensas habitaciones solitarias transitadas por gentes llenas de ruido. Cada tiempo y cada lugar tienen su propia banda sonora. ¿Recuerdas que a la caída del muro de Berlín las calles de Europa se abrieron a músicos experimentados que querían conocer otros mundos y que nos regalaron notas de violines y contrabajos?

¿Recuerdas qué música sonaba en las calles de esa ciudad que tanto te gustó el verano pasado?. En Praga brota la música clásica en cada esquina y qué decir de Viena donde te rodean los “mozart” con el programa en mano ofreciendo conciertos y prometiendo la felicidad en forma de vals.

Y las calles andaluzas son escuelas de flamenco. Son, en ocasiones experimentados músicos en busca del éxito y a veces desposeídos que repiten, una y otra vez, la única canción que saben tocar desde ese trocito de acera que han convertido en su hogar. Otras se integran en el paisaje turístico como si salieran de la postal sonora de un libro antiguo. Sus rostros, cargados de futuro o abatidos por el peso de la derrota, llenan las fotografías de los turistas embelesados con los artistas que parecen colocados para completar la escenografía del viaje.

¿Y París…? ¿Verdad que cuando pasas las hojas de tu álbum de fotos se escapan las notas de un acordeón? No imagino Montmartre sin los pintores y músicos que, apostados en calles y plazas, cantan canciones que nos inundan de una gustosa melancolía.

Una de las cantantes habituales de estas calles es ZAZ, una joven que ha apostado por el “jazz manouche”. Se la puede ver con la acera como escenario en el que hace de telón de fondo el menú de un restaurante y los vinos de la France. Su voz suena mejor en la calle que en la pantalla, cantando la tristeza de Edith Piaf o mirando a los turistas mientras entona una canción compuesta por ella, “Les passants”.  Los transeúntes, es decir nosotros los mirones, que por el arte de la música, pasamos a ser mirados.

Música para sentir y música como excusa para recorrer medio mundo con un mensaje de paz. En busca de músicos callejeros, Mark Johnson lleva varios años con su equipo de grabación móvil. Su  proyecto, que ha denominado ‘Playing for change’,  pretende dar una oportunidad y mejorar las condiciones de vida de aquellos que a diario despliegan su arte en las calles de ciudades de todo el mundo. Desde Santa Mónica a Nueva Orleans, Toulouse, Río de Janeiro, Barcelona, Pisa… los músicos están unidos por este lenguaje universal, en el que adquiere un protagonismo especial la canción “Stand by me” con la que quieren que su mensaje llegue a todos los rincones del planeta. Gracias a este proyecto, recogido en un documental, se ha podido crear la primera escuela de música de la Fundación Playing for Change en Sudáfrica.

Y la música sigue sonando… !Que no pare la música!. Y ahora, querido lector, si has llegado hasta aquí solo te queda dar un paseo disfrutando de las melodías que se esconden tras los enlaces y recordando cuál fue la canción con la que expresaste amor, tristeza, alegría, rabia o ternura. ¿Qué tal si nos la cuentas? ¿Qué tal si nos la cantas?

Granada en blanco y negro

Las ciudades se dejan ver de muchas maneras y el arte siempre encuentra formas diversas de mostrar cada rincón en clave simbólica. La música ha encontrado en los videoclips el medio para trasladarnos a calles que se leen a través de las letras de las canciones y que nos invitan a viajar. Aquí podrás ver algún que otro viaje musical, así que ponte cómodo.

Hoy te propongo un paseo por las calles de Granada de la mano de Lapido, el poeta eléctrico. Una Granada noctámbula en blanco y negro que se descubre tras una mirada atenta a los tejados, veletas, adoquines, grafitis, las palabras grabadas en sus muros, la inocencia de un perrillo de andar lento, sus gentes deambulando en la noche, el trazado sencillo de su callejero y un “tequiero” escondido en un lugar secreto.

Imágenes que acompañan una letra que  habla de la desolación y el abandono por  ese “ángel” que no se decide a volver.  Letra que también es una invitación a dejar la pasiva espera enarbolando  el amor como dogma de fe.

Cuando el ángel decida volver
Se encontrará con la ciudad vacía
Las tuercas oxidadas pero abiertas las heridas
Cuando el ángel decida volver

Cuando el tren llegue al anochecer
No habrá música de bienvenida
Esfumada la esperanza y apagadas las colillas
Cuando el ángel decida volver

Nos verá contando hasta tres
Justo antes de emprender la huida
Tomaremos el fracaso como punto de partida
Y el amor como dogma de fe
Cuando el ángel decida volver

Creo recordar que alguien cantó
Lo mismo en otra canción:
“Cansado de esperar”

Cuando el ángel decida volver
Será el momento de que rompan filas
Los que lucharon en la guerra y los que fueron a la mina
A buscar algo en lo que creer

No tendremos nada que perder
Y se hará real la fantasía
Preparad los epitafios y poned la otra mejilla
Cuando el ángel decida volver
Cuando el ángel decida volver

Cuando el ángel decida volver
Cuando el ángel decida volver
Cuando el ángel decida volver
Cuando el ángel decida volver

José Ignacio Lapido. Cuando el ángel decida volver

Cartografía, 2008

Es de ayer, podría ser de hoy

Carlos Cano. A la luz de los cantares, 1977

Andaba yo buscando “nosequé”, cuando me topé con este vídeo y tuve la sensación de estar escuchando los comentarios que a diario se oyen en el autobús, en la cafetería, el mercado y los telediarios.  Sorprende que esta canción grabada en 1977 haga una foto en cuatro líneas de la especulación, los especuladores, el famoseo, el lío de Marbella y el entretenimiento de la prensa rosa. Como telón de fondo, imágenes de la Granada mal urbanizada, cuando la Vega comenzaba a verse amenazada.  !Todo un documento!.

Y así s’explica Manué esto la’speculación

comprando mu baratico

vendiendo carico pagando tú y yo.

Y así s’explica el porqué

y hay que echarse a temblar:

que suba la gasolina l’aceite d’oliva la chicha y el pan.

Se juntan cuatro granujas y a tos nos estrujan

al multiplicar los duros por las pesetas

y hazte la puñeta con lo que te dan.

¡Ay cómo me voy a callar!

¡Cómo no me voy a creer qu’el que no cambia deprisa tenga en Suiza mucho parné!

Y así s’explica el porqué haiga tantico follón:

qu’el que no grita no mama no se va a la cama con su biberón.

Pos la mejor solución es la justicia social

habiendo tierra y salero el control obrero pare usted d’hablar.

La vida leyendo Hola pasa en Fuengirola

el pavo real de Jolivú las estrellas vienen a Marbella a juerguetear.

¡Ay cómo me voy a callar!

¡Cómo no me voy a creer qu’el que no cambia deprisa tenga en Suiza mucho parné!

Carlos Cano. La especulación (“A la luz de los cantares”, 1977)

Viajes de negocios

No sé por qué cuando va acabando el verano nos atrapa siempre un momento de reflexión y pasan por nuestra memoria los proyectos vacacionales, lo que queríamos hacer y lo que no hemos hecho, los encuentros con la familia, las lecturas estivales…

El verano es tiempo de saborear el periódico. Así que cualquier mañana de verano, te levantas y relajadamente vas ojeando las noticias que entremezclan los titulares refrescantes y la sobreexplotación de temas a falta de otros más interesantes. Agosto nos despertó con la visita de Michelle Obama y es difícil que algo nos llame la atención, porque cuando el periódico llega a nuestras manos después de un largo proceso de impresión y distribución, ya estamos más que saturados tras la continua repetición en radio y televisión de las imágenes y anécdotas del anunciado acontecimiento: su visita al Sacromonte a las cinco de la tarde, las palmas que improvisó, el helado en Los Italianos, su paseo por las calles de Marbella

Y de pronto, se produce uno de los “milagros” de la prensa impresa que nos hace detenernos y reflexionar: en un lento recorrido de izquierda a derecha, de una página a otra, pasamos del viaje que podríamos denominar promocional a la noticia del viaje de la vendimia de muchos andaluces.

Se agolpan de repente otros titulares de hemeroteca que nos traen a la memoria largas historias escondidas en nuestros referentes culturales, algunos vividos y otros relatados en novelas, canciones, fotografías y películas : inevitable el recuerdo de “Bienvenido Mister Marshall”, las colas ante el tren de los emigrantes, la imagen de las pobres maletas con poco peso, despedidas de estación… Y la mirada olvidadiza de muchos españoles cuando ven a africanos, rumanos, sudamericanos pedir trabajo y vivir hacinados… Y olvidamos que nosotros también fuimos y somos emigrantes.

Páginas de periódico para compartir viajes de placer y “viajes de negocios”.

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