Con paciencia de un tranvía enamorado

Gran Vía. José Luis González

Gran Vía. José Luis González

Todas la ciudades son espejo de otras, sobre todo si el que las mira tiene el alma dividida. Tal vez arquitectos y urbanistas se ocuparon de copiar para cubrir la nostalgia de las gentes que vienen y van.

Ese arco que nos sorprende, la sensación al doblar una esquina, los olores que se escapan de un hogar con recetas aprendidas a miles de kilómetros… nos abstraen hasta hacer que olvidemos añorar. Como si añorar fuera el equipaje que cada mañana carga aquel que se siempre vive lejos. Porque lejos es ese lugar que “elige” el que se va: lejos de la infancia cuando está en el destino y lejos de casa cuando está en el origen. Siempre cerca y lejos, debatiéndose entre las ganas de volver y la esperanza de encontrar un lugar propio.

Hoy os traigo una canción de Fede Comín que permite un recorrido por Granada con el sentir de un argentino. Como si entráramos en su memoria y en los ojos que desplazan su mirada al lejano Buenos Aires.

Entre Granada y Buenos Aires hay un camino de ida y vuelta, porque fueron muchos los españoles que emigraron a Argentina y muchos los jóvenes argentinos que buscaron fortuna en la tierra de sus abuelos. En Granada hay un lugar que simboliza ese camino: La Tertulia

Tango a los pies de la Alhambra

Tango a los pies de la Alhambra

La Tertulia Tango bar, situado en pleno centro de Granada, lleva ya más de 30 años como punto de encuentro cultural y 26 como centro neurálgico del Festival Internacional de Tango de Granada, que se ha celebrado estos días en la ciudad, el más antiguo de Europa y el segundo del mundo tras el de Montevideo. Un lugar que ha situado a Granada en el mapa de Buenos Aires porque ha sido nombrado primer Lugar de Interés Turístico de Buenos Aires que no está en la propia ciudad.

Un lugar lleno de historias y de Historia pues en él nació el movimiento poético La otra sentimentalidad y dejaron su huella Saramago, Enrique Morente, Rafael Alberti, Goytisolo, Sabina… y un sin fin de poetas, cantantes, periodistas, estudiantes y exiliados latinoamericanos. Hoy sigue siendo un lugar en el que conversar, oir música, compartir poesía o aprender tango y milonga. Así que si vas a Granada, no te extrañe si vuelas a Buenos Aires.

¿Bailás?

A tres mil años y un día de mi casa,

respirando nuevos aires.

Me he olvidado en el vaivén de esta mañana,

de acordarme de añorar.

Y salí por la ventana,

como si fuera mi barrio,

este sitio tan lejano a mi primera ciudad.

Caminé las avenidas y el asfalto,

los gastados adoquines.

Descubrí que a la Gran Vía, no te engaño,

la cruzaba Pueyrredón.

Y al pasar por esa esquina,

pude ver que me esperaban,

con romero una gitana,

y con mate, un compadrón.

Puente, tango que sirve de puente,

uniendo pampas y olivos,

cantando envido a esta suerte

de no saber dónde estoy.

Puente, tango que sirve de puente

entre el que soy y el que he sido

desbaratando a la muerte,

con o sin bandoneón.

En la Plaza del Triunfo vi el Abasto,

con su moderna fachada.

Terminó de embellecerse el escenario

cuando pasó esa mujer

que en su andar entristecido

y esa flor en la mirada,

me dejó cual puñalada

los retazos de un querer.

Con paciencia de tranvía enamorado,

gambeteando a la nostalgia,

supe desde el primer día de estos años,

todo lo que iba a doler.

Pero esta canción decide más allá de la distancia

y es más fuerte esta esperanza que las ganas de volver.

Puente, tango que sirve de puente,

uniendo pampas y olivos,

cantando envido a esta suerte

de no saber dónde estoy.

Puente, tango que sirve de puente

entre el que soy y el que he sido

desbaratando a la muerte,

con o sin bandoneón.

Porque el amor se hereda…

anilloparis

¿Qué recordamos de los viajes que no hicimos?

¿Dónde ponemos los souvenirs de los viajes ajenos, como amuletos que consigan que un día seamos nosotros los que nos pongamos en camino hacia esos lugares viajados en postales y soñados en el fondo de una taza de té?. Viajes pospuestos por amor y dedicación al cuidado de los otros. Sueños, nunca expresados, a los que un día les abre la puerta alguien que nos quiere.

Porque estoy de acuerdo con García Montero en que el vínculo de la sociedad son los cuidados y porque el amor se hereda… quiero traeros hoy este poema dedicado a los que sueñan con viajes no realizados y a los que un día abren la puerta de nuestros sueños. ¿Los ves? Tal vez te acompañan en tu ruta diaria en el autobús, o se esconden en el poema que espera en las paginas de un libro.

Dentro de nada,

cuando me den permiso

las estúpidas fieras de mi tiempo,

cumpliré una palabra que nunca me pediste.

Te llevaré a París.

Porque tal vez, entonces,

en los Campos Elíseos

o en las aguas del Sena,

con Notre Dame al fondo o con la Torre Eiffel,

veré de nuevo el brillo

más joven de tus ojos,

la luz adolescente

que baja del tranvía

con bolsas y comercios y saludos

y poco más de veinte años.

Hoy te recuerdo así,

como los días sin colegio,

bandera hermosa de un país difícil,

lluvia delgada de los sábados.

Nunca guardaste mucho para ti.

Ni siquiera una noche,

una ciudad o un viaje.

Tu tiempo se sentaba en nuestra mesa

y había que partirlo como el pan,

entre tus hijos y tu miedo.

Seis veces el temor

a que la enfermedad, el vicio o la desgracia

se quisieran sentar en nuestra mesa.

No vayas a salir, a dónde vas ahora,

hay que tener cuidado

con los amores y las carreteras,

deja ya la política

o la gruta del lobo.

Y sin embargo

lo que no te atrevías a pedir

duerme en el corazón de cada uno.

Porque el amor se hereda

como un abrigo sin botones,

y a mí me gustaría acompañarte

por los pasillos del museo,

más obediente y repeinado,

para encontrar en la Gioconda

el sueño y la sonrisa

de un carné de familia numerosa.

Te llevaré a París

o a la ciudad que duerme

en la taza de té de tus meriendas,

con tu cristalería

de familia burguesa

y más aspiraciones que dinero,

con tus dientes manchados de carmín,

con tus estudios de Filosofía

y Letras, je m`apelle

Elisa, j`ai cherché

la lune, la mer, la vie,

la pluie, mon coeur,

y todo se interrumpe.

Sólo somos injustos de verdad

cuando sabemos que el amor

no pasará factura.

Pero el cauce sin agua

también puede llegar a desbordarse,

como los ríos de Granada,

y a tu lado me busca

esta vieja nostalgia de ser bueno,

de no ser yo,

de conocer al hijo que mereces.

Te llevaré a París. En mi recuerdo

has aprendido algo

de lo que te olvidaste en la vida:

pedir por ti, andar por tus ciudades.

Luis García Montero “Madre”

No soy una turista en este lugar

Turista accidental

Turista accidental

El presente se escapa tan rápido que no lo ves, dice la canción. Es entonces cuando necesitamos huir para encontrarnos. Correr por carreteras interminables y dejar en un cruce del desierto el recuerdo que se nos quedó atrapado en los labios. Un viaje como terapia para cerrar etapas y encontrar nuevos caminos.

Esto es lo que parece contarnos Amparo Sanchez, la alcalaína que creció musicalmente en Granada, enamorada de sonidos fronterinzos y reivindicativos. Esta canción es el tema central de Tucson-Habana que publicó en 2010, un disco en el que se mezcla la música mexicana, el son cubano y el country. Un disco íntimo que ella define como un viaje cálido al interior, un rato de paz, con canciones escritas en Granada o Barcelona, que adquieren una nueva dimensión en estos paisajes desérticos que invitan a la nostalgia.

El vídeo dirigido por Ben Flinois es una road movie que recorre las 400 millas que conducen de San Diego (California) a Tucson (Arizona), a través de la autopista Interestatal 8. La vemos recorrer el desierto “a lomos” de un Ford Falcon del 64, el mismo año que se le dio nombre a la ruta a través de eternas carreteras pensadas para el doble objetivo del tráfico de automóviles y para el uso en operaciones militares y de defensa civil. Paisaje desértico decorado por cactus, grandes coches y señalización que el cine ha convertido en patrimonio histórico digno de decorar escenarios cinematográficos y guías turísticas.

En el trayecto no está sola, va recogiendo compañeros tal vez porque, como alguien dijo, el viaje se mide en amigos no en millas.

Una manzana entre mis dedos,
y en mis labios el recuerdo.
Recién llegado, recién y tan viejo,
nos encontramos en un cruce del desierto.

No soy una turista en esta ciudad,
no soy veleta.
Soy mirada, fuego, calor
que se va pero se queda.
No soy una turista en esta ciudad,
no soy veleta.
Soy mirada, fuego, calor
que se va pero se queda.

Cuando tu sonrisa sincera toca el alma.
Las casualidades en qué bolsillo se guardan.
Pasajeros en la vía muerta perdieron su tren,
El presente se escapa tan rápido que no lo ves.

No soy una turista en esta ciudad,
no soy veleta.
Soy mirada, fuego, calor
que se va pero se queda.
No soy una turista en esta ciudad,
no soy veleta.
Soy mirada, fuego, calor
que se va pero se queda.

Mi calor contigo se queda,
mi calor.

Amparo Sánchez. Turista accidental

Encontré el Otoño en Granada

Gianni Berengo Gardin

Parece que por fín se decide a entrar este Otoño que llegó disfrazado de primavera. Lo he encontrado en las noches de Granada, en el frío de los dedos asomando en las sandalias, en la cara gustosamente helada al caminar y en la primera manta para dormir. Curioso contraste con el día caluroso que deja sin poesía los puestos de castañas en las calles, languideciendo mientras esperan a que bajen las temperaturas para abrir el frasco de perfume de brasas por las aceras. Entonces será cuando podamos ver derrotado al verano que huye.

De vuelta, adormecidos en el coche,

el verano tenía

la calidad abstracta del sueño de los otros.

Si las velas contienen

los momentos finales del crepúsculo,

si un animal inmenso se deshace

en las gentes de fuego de las playas

y los rompientes cumplen

el amargo papel de signo adverso,

todo aquello que huía con nosotros,

en el orden juicioso y familiar

de los veranos, de repente

nos desplazó del mundo

y en los ojos de extraños

se fundó su memoria.

Luis Muñoz. El verano que huye, 1991

Palabras de un poeta universal

…Que todos los hombres sepan

Tal día como hoy o quizás como ayer, según las versiones, moría Federico García Lorca. Después de 75 años, quedan puntos oscuros sobre las razones de su muerte, pero de lo que no hay duda es de que está más vivo que nunca porque su figura y su obra son un símbolo universal.

De entre todas sus palabras, a modo de homenaje, quiero recuperar el texto de una locución que el poeta dio en Fuente de Vaqueros en Septiembre de 1931 con motivo de la inauguración de la biblioteca. Ahora cuando pensamos que el hambre es cosa de otros, ahora que creemos que estamos informados porque estamos saturados de información, ahora que las bibliotecas sufren la crisis a golpe de recorte presupuestario y cierre, ahora más que nunca hacen  falta palabras como estas.

Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.

“Medio pan y un libro”

Locución de Federico García Lorca al pueblo de Fuente de Vaqueros, Granada. Septiembre 1931

Las calles están llenas de cosas

Siempre me han fascinado los objetos, sus formas, el origen del diseño y por supuesto la historia que han ido acumulando a lo largo del tiempo. La historia de los objetos termina siendo la de sus dueños y la representación de una época. Por eso me gusta rastrear la ciudad en busca de secretos escondidos en bazares, zocos, mercadillos, librerías, tiendas de antigüedades y comercios que parecen sacados de otra época.

Cien objetos y miles de años se acumulan en la exposición “A History of the World in 100 Objects” que organizó el British Museum en colaboración con la BBC. Desde el hacha de silex a la tarjeta de crédito ¿Cuántas historias se esconden?.

Pero no hay mejor exposición que la que podemos encontrar en las calles, las que andamos a diario y las que observamos con atención cuando viajamos. ¿Cuántos objetos acumula este escaparate que parece dormido en el tiempo de las calles de Granada?. ¿Quién sigue necesitando un platero de madera y quién añora un moisés de mimbre?. ¿Qué clase social compraba muebles en una cordelería?. Y la espuerta ¿está contenta por haberse convertido en un objeto decorativo?

Por todo ello me hubiera gustado haber escrito este delicioso poema, pero Neruda se adelantó.

Tienda de "cosas" en Granada

Amo las cosas loca,

locamente.

Me gustan las tenazas,

las tijeras,

adoro

las tazas,

las argollas,

las soperas,

sin hablar, por supuesto,

del sombrero.

Amo

todas las cosas,

no sólo

las supremas,

sino

las

infinita-

mente

chicas,

el dedal,

las espuelas,

los platos,

los floreros.

Ay, alma mía,

hermoso

es el planeta,

lleno

de pipas

por la mano

conducidas

en el humo,

de llaves,

de saleros,

en fin,

todo

lo que se hizo

por la mano del hombre, toda cosa:

las curvas del zapato,

el tejido,

el nuevo nacimiento

del oro

sin la sangre,

los anteojos,

los clavos,

las escobas,

los relojes, las brújulas,

las monedas, la suave

suavidad de las sillas.

Ay cuántas

cosas

puras

ha construido

el hombre:

de lana,

de madera,

de cristal,

de cordeles,

mesas

maravillosas,

navíos, escaleras.

Amo

todas

las cosas,

no porque sean

ardientes

o fragantes,

sino porque

no sé,

porque

este océano es el tuyo,

es el mío:

los botones,

las ruedas,

los pequeños

tesoros

olvidados,

los abanicos en

cuyos plumajes

desvaneció el amor

sus azahares,

las copas, los cuchillos,

las tijeras,

todo tiene

en el mango, en el contorno,

la huella

de unos dedos,

de una remota mano

perdida

en lo más olvidado del olvido.

Yo voy por casas,

calles,

ascensores,

tocando cosas,

divisando objetos

que en secreto ambiciono:

uno porque repica,

otro porque

es tan suave

como la suavidad de una cadera,

otro por su color de agua profunda,

otro por su espesor de terciopelo.

Oh río

irrevocable

de las cosas,

no se dirá

que sólo

amé

los peces,

o las plantas de selva y de pradera,

que no sólo

amé

lo que salta, sube, sobrevive, suspira.

No es verdad:

muchas cosas

me lo dijeron todo.

No sólo me tocaron

o las tocó mi mano,

sino que acompañaron

de tal modo

mi existencia

que conmigo existieron

y fueron para mí tan existentes

que vivieron conmigo media vida

y morirán conmigo media muerte.

PABLO NERUDA “ODA A LAS COSAS”

Entre poetas

Granada ama lo diminuto

Federico García Lorca

Ando siempre huyendo de los tópicos. Es difícil no usar ciertas frases que alguien pronunció alguna vez y que se han convertido en un eslogan pegado para siempre a las ciudades y a sus gentes como una calcomanía. Sin embargo, me produce cierta sonrisa cuando oigo decir una y otra vez la expresión “Granada embruja, enamora y hechiza” y “Granada tiene duende y misterio”.

O tal vez hay que ser de fuera para entender la “frase de anuncio” que trae a la ciudad tantos turistas. Yo prefiero ver su carácter en lo pequeño, lo diminuto, lo que solo encuentras con un andar lento y una mirada atenta. Es entonces cuando descubres una ciudad profundamente literaria, discretamente poeta y activamente musical.

Ese carácter no se muestra en sus grandes eventos teatrales, poéticos o musicales, quizás, como decía Lorca, por la necesidad de domesticar los términos inmensos. Granada se muestra en las manifestaciones espontáneas de los ciudadanos anónimos, en un grafiti, en un anuncio colgado de una farola o en unos versos improvisados junto al río.

Por eso me gustó este cartel pintado a mano sobre una madera y sujeto con alambres a la baranda del paseo del Genil.  Caía la tarde y sus palabras cobraban un  especial sentido. Algún espontáneo “poeta” decidió colocarlas en ese punto, haciendo que detengamos nuestro paso, leamos y caminemos cargados de versos y curiosidad.

Y de la curiosidad vino la búsqueda. Y así descubrí que se trata de la “Soleá de los Cañaverales” cantada por  Enrique Morente y que hoy se convierte en todo un homenaje, a este granaíno del Albaicín que ha sabido experimentar y cantar a los poetas. Antes de que lo hiciera Serrat, Enrique cantó los versos de Miguel Hernández, y con Lorca estableció un vínculo artístico que hoy se ha cerrado en su despedida. La sobrina del poeta ha leído “Alma ausente” de Federico, y “De pronto”, escrito por Francisco García Lorca en memoria de su hermano.   Como si fuera una escena lorquiana, Estrella Morente le ha cantado rota de dolor la Habanera imposible de Carlos Cano.

“Granada no tengas pena de que el mar sea tan inmenso, tú eres la novia del aire, la de la sombra de plata, la del almendro. Ay, empieza el llanto de la guitarra, llora como el viento sobre la nevada. Ay, inútil callarla, es imposible callarla”.

Una habanera  llena de “Ay” convertida en saeta y que lo une para siempre a Granada. Enrique, tu ciudad te quiere y por eso seguiremos viéndote en sus calles.

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