Si pudiese contar la Historia con palabras…

Si pudiese contar la Historia con palabras, no tendría que llevar conmigo una cámara de fotos

Lewis Hine

Fotógrafo estadounidense

1874-1940

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Las calles están llenas de cosas

Siempre me han fascinado los objetos, sus formas, el origen del diseño y por supuesto la historia que han ido acumulando a lo largo del tiempo. La historia de los objetos termina siendo la de sus dueños y la representación de una época. Por eso me gusta rastrear la ciudad en busca de secretos escondidos en bazares, zocos, mercadillos, librerías, tiendas de antigüedades y comercios que parecen sacados de otra época.

Cien objetos y miles de años se acumulan en la exposición “A History of the World in 100 Objects” que organizó el British Museum en colaboración con la BBC. Desde el hacha de silex a la tarjeta de crédito ¿Cuántas historias se esconden?.

Pero no hay mejor exposición que la que podemos encontrar en las calles, las que andamos a diario y las que observamos con atención cuando viajamos. ¿Cuántos objetos acumula este escaparate que parece dormido en el tiempo de las calles de Granada?. ¿Quién sigue necesitando un platero de madera y quién añora un moisés de mimbre?. ¿Qué clase social compraba muebles en una cordelería?. Y la espuerta ¿está contenta por haberse convertido en un objeto decorativo?

Por todo ello me hubiera gustado haber escrito este delicioso poema, pero Neruda se adelantó.

Tienda de "cosas" en Granada

Amo las cosas loca,

locamente.

Me gustan las tenazas,

las tijeras,

adoro

las tazas,

las argollas,

las soperas,

sin hablar, por supuesto,

del sombrero.

Amo

todas las cosas,

no sólo

las supremas,

sino

las

infinita-

mente

chicas,

el dedal,

las espuelas,

los platos,

los floreros.

Ay, alma mía,

hermoso

es el planeta,

lleno

de pipas

por la mano

conducidas

en el humo,

de llaves,

de saleros,

en fin,

todo

lo que se hizo

por la mano del hombre, toda cosa:

las curvas del zapato,

el tejido,

el nuevo nacimiento

del oro

sin la sangre,

los anteojos,

los clavos,

las escobas,

los relojes, las brújulas,

las monedas, la suave

suavidad de las sillas.

Ay cuántas

cosas

puras

ha construido

el hombre:

de lana,

de madera,

de cristal,

de cordeles,

mesas

maravillosas,

navíos, escaleras.

Amo

todas

las cosas,

no porque sean

ardientes

o fragantes,

sino porque

no sé,

porque

este océano es el tuyo,

es el mío:

los botones,

las ruedas,

los pequeños

tesoros

olvidados,

los abanicos en

cuyos plumajes

desvaneció el amor

sus azahares,

las copas, los cuchillos,

las tijeras,

todo tiene

en el mango, en el contorno,

la huella

de unos dedos,

de una remota mano

perdida

en lo más olvidado del olvido.

Yo voy por casas,

calles,

ascensores,

tocando cosas,

divisando objetos

que en secreto ambiciono:

uno porque repica,

otro porque

es tan suave

como la suavidad de una cadera,

otro por su color de agua profunda,

otro por su espesor de terciopelo.

Oh río

irrevocable

de las cosas,

no se dirá

que sólo

amé

los peces,

o las plantas de selva y de pradera,

que no sólo

amé

lo que salta, sube, sobrevive, suspira.

No es verdad:

muchas cosas

me lo dijeron todo.

No sólo me tocaron

o las tocó mi mano,

sino que acompañaron

de tal modo

mi existencia

que conmigo existieron

y fueron para mí tan existentes

que vivieron conmigo media vida

y morirán conmigo media muerte.

PABLO NERUDA “ODA A LAS COSAS”

La vida es un libro troquelado

“Mi manera de comprometerme fue darme a la fuga”

Todos los caminos que exploran canciones con referencias viajeras conducen a Sabina. En muchas de sus canciones hay alusiones al viaje tanto real como metafórico. Pero, en esta ocasión, es el videoclip  de “La viudita de Clicquot” lo que nos trae aquí.

Se trata de  una obra de Rafa Sañudo basada en una gran labor de documentación, pues para su realización se buscaron más de 600 imágenes libres de derechos, que se recortaron hasta crear un falso 3D.

Entramos en la historia de esta canción abriendo un “guignol” de cartón que nos lleva a un mundo de recortables, grabados y fotografías que se despliegan como un libro troquelado lleno de múltiples referencias literarias, viajeras y culturales. Se recrea una estética decimonónica que es todo un manifiesto de las lecturas que nos marcaron, los cuadros con los que nos iniciamos en el arte, las películas míticas y los viajes en los que nos buscamos.

En este “libro troquelado” desfilan el globo que evoca a Julio Verne, la luna de Melies, la Venus de Botticelli, la Torre Eiffel, el Arco del Triunfo, el caballo de John Wayne, barcos y relojes como referencia al tiempo histórico y personal, mientras que con la letra viaja por las “heroicidades” de las décadas acumuladas cuando Londres era la liberación y en París esculpían con mayúsculas el mayo del 68.

¿Y qué pinta en todo esto la Viuda de Clicquot que da título a la canción? ¿Es acaso como La cantante calva que solo aparecía en la última frase del texto de Ionesco como si el autor, con gran sentido del humor, se le hubiera olvidado hablar de la que parecía la protagonista de la obra?

La Viuda Clicquot es el nombre de un champán en honor a la que puede considerarse la primera mujer de negocios del siglo XIX, La Gran Dama del Champagne. Innovadora en el negocio, envió a su colaborador a viajar por Europa en busca del mercado internacional a pesar de la gran inestabilidad política causada por las guerras.  Fue ella quien mejoró el método de elaboración para eliminar los sedimentos y puso por primera vez etiquetas en las botellas. Y decidió que esas etiquetas fueran amarillas, como homenaje a las casas de San Petersburgo donde consiguió un amplio mercado.

Por eso los tonos apagados de nuestro video se alegran con el amarillo de Cliquot para recrear este viaje que también puede verse como un paseo por la historia contemporánea. Así que ahora podemos iniciar el camino contrario. ¿Serías capaz de documentar cada una de las imágenes recortadas en este libro troquelado?. Entra en tu memoria y pasa las hojas de los libros de Historia que estudiaste en tu adolescencia.

A los quince los cuerdos de atar me cortaron las alas,
a los veinte escapé por las malas del pie del altar,
a los treinta fui de armas tomar sin chaleco antibalas,
Londres fue Montparnasse sin gabachos… Atocha con mar.

A los cuarenta y diez naufragué en un plus ultra sin faro,
mi caballo volvió solo a casa, ¿qué fue de John Wayne?
Me pasé de la raya con tal de pasar por el aro,
con 60 qué importa la talla de mis Calvin Klein.

Nunca suple templar la guitarra que embrida mi potro,
cuando el dealer me dijo que si no le dije que no,
la hormiguita murió, la cigarra se casó con otro,
yo aposté por las fichas caídas de tu dominó.

Allons enfants de la patrie,
maldito mayo de París,
vendí en Portobello los clavos de mi cruz,
brindé con el diablo a su salud.

Se llamaba Rebeca la gringa que empató conmigo,
me sacaba la lengua en lugar de enseñarme a besar,
me compró una tormenta después de robarme el abrigo,
con la espalda mojada no hay nada peor que soñar.

Negocié tablas al ajedrez: tu alfil por mis peones,
abrevé en los pezones con sal de la mujer de Lot,
antes de que tiñera noviembre mis habitaciones,
descorché otra botella con la viudita de Clicquot.

Allons enfants de la patrie,
maldito mayo de París,
vendí en Portobello los clavos de mi cruz,
brindé con el diablo a su salud.

Mi manera de comprometerme fue darme a la fuga.

Título: Viudita de Clicqout
Año: 2009
Letra: Joaquín Sabina y Benjamín Prado
Música: Pancho Varona y Antonio García de Diego
Disco: Vinagre y Rosas (2009)

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