La mirada del docuviajero

Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca

Jorge Luis Borges

Cuando viajamos inevitablemente portamos en la mochila lo que somos y nuestros ojos llevan el filtro de los intereses y gustos creados a lo largo de una vida llena de historias heredadas, lecturas, películas, charlas, horas en las aulas y en los lugares de trabajo. Algunos lo llaman deformación profesional, yo lo llamo centrar la mirada y convertir el viaje en un camino de aprendizaje placentero.

El policía se fija en la seguridad, la maestra ve colegios y niños por todos sitios y la gente del libro solemos soñar, como Borges, con un paraíso libresco en el que abundan lectores y libros.

El docuviajero sería ese viajero o turista (qué más da) esencialmente curioso, que se olvida del tiempo y se deja llevar por los carteles de la ciudad, los letreros, las placas conmemorativas, el mobiliario urbano, la presencia de los libros en las calles, el bookcrossing, los paneles de información turística, los anuncios colgados en las farolas. y en un sinfin de documentos callejeros. El docuviajero es, en definitiva, un buscador de historias.

El docuviajero, o tal vez deberíamos llamarlo biblioturista? busca librerías, bibliotecas… centra su mirada en objetos inspirados en los libros, las tipografías, el arte callejero, fotografía el acto de la lectura en el espacio público, espia los títulos de los libros de la gente que lee en el metro, en el parque y busca hoteles con biblioteca, aunque solo sea por sentir el calor de las letras.

Es un viajero que lee la ciudad, que la sueña y se queda atrapado en un modesto poema pintado en la calle. Puede pasar horas en cafeterías-librerías para tomar un café mientras escribe unas notas y busca las historias escondidas en los expositores de postales o en los escaparates de los comercios.

Con este post inicio una nueva categoría con la que te invito a usar la mirada del biblioturista allá donde estés, como si de unas gafas se tratara. Si te atrapa, estás perdido, afortunadamente perdido. Entonces quizás digas como los amigos que a la vuelta de un viaje me dicen “te he traído una foto” o, lo mejor que se puede decir, “me acordé de tí cuando vi…”. “Carne de docuhistorias”… dicen otros con pasión.

Repasa las fotos que haces cuando viajas o simplemente cuando paseas por la ciudad y sabrás dónde tienes tu filtro particular. ¿Lees tu ciudad?, ¿Imaginaste que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca?

2 comentarios

  1. Después de leer la docuhistoria no dejo de sentirme un docuviajero, pero no solo en los viajes de vacaciones o en salidas de fines de semana, sino en el día a día.
    Pues sí, yo soy de los que me dejo atrapar por carteles, letreros, pintadas, etc, y cómo no, las librerías, bibliotecas, mercadillos, que placer pasearse un rato en alguno de ellos. Recuerdo haber estado en librerías/bibliotecas en El Cairo, en Cracovia, Berlin, y aunque no concía ninguno de sus idiomas, sentía esa magia de los libros, de los documentos, siempre encuentras una foto, un marcapáginas, un póster, etc…que hiciera la pena entrar.
    Gracias

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