Historias que se cruzan en un autobús

Scene from Seattle During Free Ride Day, with People Boarding a Bus

Autobús en Seattle

Todo el día de acá para allá, ahora subo en autobús, cambio de línea, me bajo y me vuelvo a subir, luego el tren, otro autobús… ¿Cuántas vidas se cruzan al cabo del día? ¿Cuántas las historias, paralelas, convergentes, divergentes? Cuántas declaraciones de amor tras compartir madrugones en el metro, cuántas lecturas espiadas… Y cuántas las historias inventadas en tiempos de espera o de trayecto: el turista que lee la guía, el deportista que sueña con correr la maratón de Nueva York, los niños que emprenden su primera excursión, las jubiladas que “huyen” a descansar de los maridos, la mujer que fotografía nubes, las amantes secretas, el abuelo que se siente inseguro en cada viaje, el profe que corrige exámenes, la enamorada adicta al teléfono, el ejecutivo impaciente, la joven que ha decidido ser madre en soledad…

Son gentes que ubicamos en movimiento, siempre entre los asientos del tren o el autobús, a los que hemos compuesto una historia y no reconocemos cuando los vemos fuera de contexto, sin maletas, paseando por la ciudad. Si les diéramos ocasión, tal vez descubriríamos que somos complementarios que, según nos cuenta esta canción de Rozalén que hoy os traigo, las personas son sorpresas. ¿Te atreves o te escondes tras el libro, el móvil, el ordenador o la mirada perdida tras los cristales?

Los que no tuvieron duda fueron los compañeros de viaje que, a base de compartir viajes desde Sevilla a Osuna, se animaron a publicar el blog La vida es un tren a Osuna en el que descubrían amaneceres, heladas, visitas curiosas y hasta celebraron la Navidad, con decoración de vagón incluída. Ideas de un niño que creció entre historias de raíles y estaciones y que se sigue emocionando, como yo, con la cara y la cruz de cada partida de tren.

Cincuenta y seis son los asientos, sin contar con conductor,

seis las horas de trayecto, seis y media con parón.

Muchas son las vidas, que se cruzan de manera paralela,

increíble es la historia de quien viaja a tu vera.

La de cosas que te pierdes por no preguntar,

busca nuevas aventuras,

interésate por los demás.

Son sorpresas las personas, descúbrelas.

Y en el asiento primero hay un hombre muy aseado

que anda siempre preocupado por trabajo y por dinero,

necesita secretaria que elija hasta su corbata y prepare buen café.

Margarita es Colombiana, busca oficio algo apurada

y es perfecta para él.

La de cosas que te pierdes por no preguntar,

si ellos dos se conocieran todo iría genial.

Veinticinco y veintiseis son asientos ocupados por hijos de jubilados antiguos republicados,

formaban el pelotón, la quinta del biberón en la Guerra Civil.

Y los hijos llevan tiempo buscando la información, para un reencuentro perfecto.

La de cosas que te pierdes por no preguntar,

si ellos dos se conocieran todo iría genial.

Y es que en todo el autobús contamos con seis artistas,

uno canta, la otra baila y aquél toca el saxofón,

guitarrista, buen bajista, percusión y violinista

y Joaquín es productor.

Formarían un gran grupo,

toda una vida de lujo, en las listas de éxitos.

La de cosas que te pierdes por no preguntar,

si todos se conocieran todo iría genial.

La de cosas que te pierdes por no preguntar,

busca nuevas aventuras, interésate por los demás.

Son sorpresas las personas, descúbrelas…

Rozalén “Autobús”

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