Una ciudad doblada en la maleta

Risto Kuulasmaa. Travel light women

Dicen que hay que viajar solo al menos una vez en la vida porque nos ayudará a conocernos.Viajando solos nos encontramos con nosotros mismos, aprendemos a organizarnos, somos dueños de nuestras decisiones, manejamos nuestro tiempo y encontramos oportunidades para conocer gente nueva.

Pero lo cierto es que no hay viaje sin nostalgia, en el que la maleta alberga ausencias, en el que se vuelven extraños los cielos y la luz. Viajes en los que se cierran las calles a nuestro paso, duele el pasaporte que nos marca como ajenos al lugar que transitamos y los teléfonos no acortan distancias.

¿Es acaso lo mismo viajar solo que viajar en soledad?

Deshice la maleta. Fue saliendo
doblada una ciudad con voz de lluvia.
De la percha colgaron
los cielos rotos y la luz sumisa.
Ordené las preguntas
en la parte derecha del cajón
y a la izquierda dispuse un restaurante,
una mesa sin hambre y sin rumor de sábanas
para cenar cansado de estar solo.

Luego bajé a la calle.
En la esquina arrugada de una chaqueta negra
me detuve a mirar
la luna de las ropas interiores.
Dolía el pasaporte en el bolsillo
igual que los extraños y las tiendas cerradas.
Quise llamar un taxi. No levanté la mano.
Se paró junto a mí la desventura
de una ciudad vacía.

A media noche estaba a medio ser
en medio de la nada.

No sé viajar sin ti,
ni contarte las cosas por teléfono.

Luis García Montero “No sé viajar sin ti”

2 comentarios

  1. Yo siempre he pensado que el viaje, el verdadero viaje interior, es el viaje en solitario, es el que te enseña más sobre ti, y que se hace más latente cuando entras en la habitación del hotel y te encuentras contigo mismo, sin otras caras, sin palabras.
    Me trasladan estos versos de García Montero a cuando viví en Inglaterra, y a mi llegada a Oxford, en un barrio de las afueras, Jericho.La habitación con el suelo de madera vieja, colocando la ropa en el armario, mirando por la ventana, aquel cielo gris que dejaba caer su lluvia de bienvenida, mi primera salida a la calle y aquella sensación de vacío, de soledad, al encontrarme una ciudad cerrada, donde todo el mundo se refugiaba ya en casa, donde no había caras, solo luces de farolas adormecidas, pero que no aplastaban un corazón palpitante que quería vivir y escribir la historia…

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