Viajeros que zarpan de la máquina de coser

Pero en el fondo son unos sentimentales…

Todas las noches las historias pasadas se nos presentan como sueños convertidos en cuentos o en canciones en los que se mezcla por igual lo vivido, lo leído y lo soñado. Porque los relatos que nos acompañaron de niños, tarde o temprano, vuelven para abrigarnos cuando somos adultos y hace frío. Pobre de aquel que no tuvo la suerte de disfrutarlas en la infancia oídas de abuelos, padres y amigos o descubiertas con curiosidad y sorpresa en las páginas de un libro.

Por ello me emociona el texto que hoy os traigo y que pertenece a la introducción que hizo Joan Manuel Serrat a la canción “Una de piratas” en el concierto que dió en Chile el 26 de Abril de 1990,  después de 17 años de ausencia forzada por la dictadura. Había escuchado la canción mil veces, pero esta introducción le da una dimensión diferente. Es todo un retrato generacional que habla de estos pillos que se beben la vida de un trago, con la ternura familiar de una época de dificultades evocada por un niño de la postguerra. Tardes de pan con chocolate en las que aparecen los piratas de papel que zarpaban de una humilde biblioteca que vivía encima de la máquina de coser, aquel dispositivo mecánico que perpetuó las ropas de unas generaciones a otras a base de remiendos y que hizo de cada casa una “industria textil”. Los piratas, esos valientes viajeros que fueron para muchos niños el primer contacto con los viajes, los que despertaron las ganas de conocer mundo sumergidos en interesantes aventuras. Esos granujas que sin embargo dan lecciones de lealtad y que solo rompen sus promesas por una piel que huele a jazmines.

Yo que no leí novelas de piratas porque no eran lecturas para niñas, también he situado mi biblioteca encima de la máquina de coser, pero esa será otra historia…

¡Ay los piratas, pobres piratas!. Cuánto y cuánto nos han hecho soñar los piratas y que mala prensa que tienen. Permítanme que rompa una lanza por su buen nombre, porque yo me crié entre los piratas. Váyase usted a saber por qué ellos escogieron mi humilde casa para refugiarse de las galernas del invierno o para esconderse cuando las flotillas de Su Majestad les acosaban en demasía.

Vivían en una estantería que teníamos en casa encima de la máquina de coser y a la que la familia, con ciertas pretensiones por nuestra parte, llamábamos la biblioteca. De ahí, cada tarde, a la hora de la salida de los colegios zarpaba una flotilla de piratas. Se dejaban caer por el hilo de la luz hasta llegar a unos cuatro o cinco palmos del suelo donde un niño, con la boca manchada de chocolate y la cabeza llena de pájaros, les estaba esperando para irse con ellos a recorrer el mundo.

¡Si sabré yo cómo son los piratas! Yo estuve con Morgan cuando asoló Maracaibo y con Morgan caí en una emboscada que me tendieron los aborígenes. Y Morgan dejó de escribir y de leer… ¡Lo descuartizaron allí!. Yo salvé la vida milagrosamente gracias a mi reputada habilidad para salir corriendo y después de andar quince días y quince noches perdido entre los manglares me rescataron, exhausto ya, una banda de predicadores luteranos que andaba por allí tratando de cristianizar a alguien. Y me montaron en un barco y hala me mandaron para la tortuga otra vez, que es donde van todos los piratas que se quedan sin empleo. Y allí coincidí con Drake…. pero no me gustó, no. Drake era muy británico, yo no… Me volví y luego me enrolé con Raleigh y luego fui con John Avery al que llamábamos el largo porque medía dos metros diez. ¡Hermoso tipo Avery!.

Y luego me volví a casa porque estaba anocheciendo y mi madre tiene muy mal carácter cuando no ve a todos sus hijos juntos a la hora de cenar.

¡Si sabré yo cómo son los piratas!. Cierto que de vez en cuando se les va la mano y en un abordaje pues… se exceden en eso de robar y de matar y de incendiar y de violar. Incluso contra natura… ¡La soledad…! Eso es verdad pero también hay que poner en el otro platillo de la balanza las virtudes que adornan al pirata: el pirata es leal, íntegro, incluso tierno y sensible diría yo. Hasta el punto es tierno y sensible que se cuelgan un trapo negro aquí en el ojo en señal de luto y de recuerdo por aquel hermano que se les fue, el hermano de éste [el ojo], que se les fue a ver el mundo por su cuenta y que nunca más volvió al hogar.

Porque todos los piratas tienen…

2 comentarios

  1. Delicioso…
    Yo tengo una igual, y, ¡como son las cosas! ,después de no haber querido ser aprendiza de la mejor maestra, mi madre; he decidido a aprender coser, así que igual mi próxima compra en la librería será el Burda primavera-verano 2012 je,je

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