El verano que dejamos de ser niños

Los dragones viven por siempre, pero los niños…

Eric Puybaret. Puff the magic dragon

En verano, de alguna manera, volvemos a ser niños y en otoño todo se esfuma dejando esa melancolía tan característica que nos hace aceptar con dignidad la derrota. Todos guardamos en la memoria aquellos veranos interminables, eternos, repletos de calle y de juegos, como los que disfrutaba el pequeño Jackie Paper con su amigo el dragón Puff, allá en la lejana tierra de Honah Lee:

Puff, el dragón mágico vivía junto al mar
y retozaba en la niebla del otoño
en una tierra llamada Honah Lee.
El pequeño Jackie Paper amaba aquel pillo dragón,
y le regalaba cordones y lacre
y otros extravagantes objetos.

Juntos viajarían
en un barco con las velas hinchadas
y Jackie hacía de vigía encaramado
en la gigantesca cola de Puff.
Nobles, reyes y príncipes
se inclinaban a su llegada,
y barcos piratas arriaban sus banderas
cuando Puff rugía su nombre.

Puff, el dragón mágico vivía junto al mar
y retozaba en la niebla del otoño
en una tierra llamada Honah Lee…

Un dragón vive siempre
pero no así los niños,
alas pintadas y anillos gigantes
dan paso a otros juguetes.
Sucedió una noche gris:
Jackie Paper no vino más
y Puff el poderoso dragón,
cesó su feroz rugido.

Su cabeza estaba llena de dolor,
y sus verdes escamas caían como gotas de lluvia,
Puff ya no salía a jugar por el camino de los cerezos.
Sin su amigo de toda la vida,
Puff ya no podía mostrarse valiente,
así que, Puff, el poderoso dragón
se arrastró tristemente hacia su cueva.

Puff, el dragón mágico vivía junto al mar
y retozaba en la niebla del otoño
en una tierra llamada Honah Lee…

Sí y todos tuvimos un verano que llegó sin avisar en el que cambiaron nuestros gustos, tal vez nuestras amistades, abandonamos los juegos y emprendimos el largo viaje en el que dejamos de ser niños.

Esta canción infantil fue compuesta por Yarrow & Lipton, integrantes del trío Peter, Paul and Mary, aquellos que popularizaron ‘Blowin in the wind’ del joven Dylan.  Grabada en 1963 se incorporó muy pronto a la cultura popular estadounidense y británica, no faltando versiones en otros idiomas. La letra de Puff, the Magic Dragon estaba basada en un poema que Leonard Lipton escribió en sus tiempos de estudiante inspirado a su vez en “Custard the Dragon”, un poema de Ogden Nash.

Esta bella historia nos deja un sabor agridulce por la tristeza del dragón eterno que dobla su cuello y llora al perder su compañero de juegos. Pero no todo el mundo interpreta esta canción como un viaje de despedida de la infancia. Hay quien opina que fue un himno para el movimiento hippie que escondía una metáfora en torno a la marihuana, por las referencias de Paper (papel) Dragon/draggin (colocarse) y Puff (fumar).

Opinad por vosotros mismos, escuchad esta canción que gusta a niños y adultos, al tiempo que observáis atentamente en este viejo vídeo las caras del público: la ilusión de los niños pequeños y la melancolía de los que pasan de los 60.

Para atenuar ese sabor agridulce surgen historias con un nuevo final como el que recoge  la adaptación ilustrada por Eric Puybaret publicada en 2007: cuando un niño se hace mayor hay otro aguardando en una esquina para jugar con el dragón.

Hoy quiero dedicar esta historia a quien este verano fue niño despreocupado y hoy anda observando, con feliz  melancolía, a esa niña que todavía juega con el dragón.

El verano que viene volveremos a sentirnos niños…

2 comentarios

  1. Que guay jefi, volver a leerte. Un beso desde Úbeda. Ya tienes casa aquí, vale?

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