Una vida en el aeropuerto

A la vuelta de este largo puente, nada mejor que soltar las maletas, reconocernos en nuestra casa y descansar del viaje viendo una intenteresante película.

Y después del caos aéreo impuesto por la huelga de los controladores, no podía ser otra la película programada que La terminal, dirigida por Steven Spielberg en 2004 y protagonizada por Tom Hanks.

Me pregunto cuántos viajes se han aplazado, cuántas historias se han quedado sin concluir, cuántas han surgido inesperadamente y cuántas de ellas serán relatadas en una novela o convertidas en el guión de una película. ¿Cómo habrán ocupado este tiempo de espera miles de viajeros que se han quedado atrapados en los aeropuertos?.

La Terminal cuenta la historia de un hombre procedente de la Europa del Este, de viaje por EEUU que se ve forzado a vivir en un aeropuerto internacional porque su pasaporte no tiene valor tras el derrumbe de fronteras de su país en guerra. No puede entrar a los Estados Unidos, ni tampoco puede regresar a su país.

El argumento está inspirado en la historia real de Mehran Karimi Nasseri, un refugiado iraní que vivió en el Aeropuerto de París-Charles de Gaulle entre 1988 y 2006. Su vida, un continuo ir y venir de un país a otro, que se queda detenida durante 18 años en un aeropuerto, como si su historia estuviera destinada a protagonizar el guión de una película. Como “personaje” queda reducido a ser un eterno viajero siempre impecable que no se desplaza de la Terminal 1. Y allí inventa su mundo mientras que pasan los días, los meses y los años con continuas gestiones judiciales.

Un mundo formado por cajas, maletas y libros en el que no faltan los amigos entre el personal que trabaja en el aeropuerto y que, de algún modo, son su familia en esta vida en tránsito. La farmaceútica le permite hacer llamadas y los empleados de la librería le proporcionan prensa y libros, cuya lectura le trasladan a otros mundos. Y en la oficina de correos del aeropuerto tiene su sitio al que llegan cartas con solo indicar su nombre, la Terminal y el Aeropuerto.

Y así, hasta que es hospitalizado en agosto de 2006, se crea un micromundo del que, según su médico, no quiere escapar, porque solo existe a través de este aeropuerto en el que es un pasajero más que espera su vuelo, un pasajero más entre los 35 millones que  transitan anualmente por el Charles de Gaulle.

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