Lecturas en la habitación del hotel

Edward Hopper. Hotel Room (1931). Óleo sobre lienzo 152,4 x 165,7 cm. Museo Thyssen-Bornemisza

Parece triste y abatida, acaba de llegar a la soledad de la habitación de un modesto hotel. No ha tenido ni fuerzas para deshacer la maleta, se ha quitado el sombrero, el vestido y los zapatos y se ha sentado en el borde la cama. No conocemos su historia, pero sabemos que está triste y le duele la soledad. Ensimismada, lee en un papel amarillento que apoya en sus rodillas, el horario de los trenes. Quizás su viaje no ha terminado.

Este cuadro de Edward Hopper de 1931, fue el primero de una serie de pinturas que ambientó en diferentes hoteles. Fascinado por la idea del viaje, Hopper hizo de esta imagen la metáfora de la soledad, gracias a su uso de los planos de color cortados por la diagonal que marca la cama y el uso de una luz que produce un fuerte contraste de luces y sombras acentuando el dramatismo de la escena.

En la obra de Hopper, de composiciones limpias y claras, la soledad y la melancolía de los seres humanos es una constante. En sus cuadros se repiten las  escenas de hombres y mujeres en los hoteles y bares nocturnos que se convierten en símbolos de la dificultad de los seres humanos para comunicarse y relacionarse.

Pero, ¿qué hay detrás del cuadro?. Al parecer está inspirado en una ilustración que Jean Louis Forain hizo para el número 10 de la revista Les Maîtres humoristes, y que Hopper había adquirido en uno de sus viajes a París. El dibujo de Forain, que forma parte de una serie titulada “L’amour a Paris”, representa a una muchacha en ropa interior sentada en el borde de una cama -dispuesta también de forma diagonal- contemplando los zapatos de su amante.

La mujer que aparece en el cuadro es Josephine Hopper, la esposa del pintor. Antes de casarse con Hopper en 1924, era considerada una de las más importantes artistas de la época. Exponía al lado de Picasso, Georgia O’Keefe y Modigliani, pero su relación con Hopper la anuló como artista y la convirtió en su eterna modelo, al parecer porque ella se negó a que nadie más posara para él.  Hoy no hay manera de ver una sola obra de Josephine Verstille Nivision. Solo conocemos sus múltiples retratos, retocados por el pincel de su marido porque “las mujeres de sus cuadros nunca envejecen”.

2 comentarios

  1. ¡Me encanta!

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